La ergonomía en el Perú ha dejado de ser un criterio interno para convertirse en un estándar técnico exigible. Con la Resolución N.º 00077-2026-INS/PE, se aprueba el Documento Técnico de Buenas Prácticas Ergonómicas para la Manipulación Manual de Cargas, estableciendo un marco que redefine la forma en que se evalúa el riesgo disergonómico en campo. Este cambio no es solo normativo, sino estructural, porque modifica la lógica bajo la cual las empresas venían gestionando uno de los riesgos más comunes en sus operaciones.
Este nuevo documento se articula con la Ley N.º 29783, el D.S. 005-2012-TR y la R.M. 375-2008-TR, pero introduce un elemento clave: eleva el nivel de exigencia técnica. Ya no se trata únicamente de cumplir con disposiciones generales o implementar controles declarativos, sino de sustentar técnicamente cada evaluación realizada. En este contexto, la ergonomía deja de ser interpretativa y pasa a ser verificable.
Durante años, muchas organizaciones han gestionado la manipulación manual de cargas bajo un enfoque simplificado, centrado en la capacitación del personal, la definición de pesos máximos y la elaboración de procedimientos. Si bien estas acciones forman parte de un sistema de gestión, no constituyen una evaluación técnica del riesgo. El nuevo enfoque evidencia que estas prácticas, por sí solas, no garantizan el control del riesgo disergonómico.
El cambio más relevante radica en la forma de evaluar. La manipulación manual de cargas ya no se analiza únicamente en función del peso, sino bajo un enfoque multifactorial y acumulativo que considera variables como la postura adoptada, la frecuencia y duración de la tarea, la distancia de manipulación, las condiciones del entorno y las características de la carga. Esto implica que el riesgo no depende de un solo factor, sino de la interacción de múltiples condiciones presentes en la operación.
Este enfoque permite entender que incluso cargas aparentemente ligeras pueden generar un riesgo significativo si se manipulan en condiciones inadecuadas. El documento técnico establece que cargas superiores a 3 kg pueden representar un riesgo no tolerable si existen factores ergonómicos desfavorables, y que cargas mayores a 25 kg constituyen un riesgo importante que requiere control específico. Esto rompe con la creencia extendida de que el peso es el único criterio relevante.
La magnitud del problema respalda este cambio. La manipulación manual de cargas representa entre el 20% y 25% de los accidentes laborales y está directamente relacionada con la aparición de trastornos musculoesqueléticos, especialmente en la zona dorso-lumbar. Estas lesiones no solo afectan la salud del trabajador, sino que generan impactos operativos, económicos y legales para las organizaciones, convirtiéndose en una de las principales causas de ausentismo laboral.
En este nuevo escenario, el punto más crítico es que los controles tradicionales ya no son suficientes si no están respaldados por una evaluación técnica. Capacitar al personal, establecer límites de peso o definir procedimientos no valida el control del riesgo si no existe un análisis técnico que lo sustente. En términos prácticos, si el riesgo no ha sido medido bajo criterios técnicos, no puede considerarse gestionado.
Esto cobra especial relevancia ante un accidente o enfermedad ocupacional. La autoridad no se limitará a verificar la existencia de documentos o registros, sino que evaluará el sustento técnico de la evaluación realizada, la idoneidad de los controles implementados, el monitoreo de la exposición y su integración dentro del sistema de gestión de seguridad y salud en el trabajo. La carga de la prueba deja de estar en el cumplimiento formal y pasa a centrarse en la evidencia técnica.
El cambio también implica una transformación en la responsabilidad del empleador. Ya no basta con demostrar que se han implementado acciones preventivas, sino que se debe evidenciar que estas acciones responden a un análisis técnico adecuado del riesgo. Esto eleva el estándar de gestión y obliga a las organizaciones a adoptar metodologías más rigurosas y sistemáticas.
En adelante, la diferencia entre una empresa que cumple y una que gestiona adecuadamente el riesgo será clara. La primera seguirá operando bajo un enfoque declarativo, mientras que la segunda contará con evidencia técnica que respalde sus decisiones. En un entorno donde la fiscalización es cada vez más exigente, esta diferencia no solo impacta en la seguridad del trabajador, sino también en la sostenibilidad y responsabilidad legal de la organización.
La ergonomía, en este nuevo contexto, deja de ser un componente más del sistema de gestión para convertirse en un elemento estratégico. No se trata solo de evitar lesiones, sino de demostrar que el riesgo ha sido correctamente identificado, evaluado y controlado. Porque hoy, más que nunca, si no puedes demostrar técnicamente el riesgo, no lo estás gestionando.
